Estados Unidos denuncia los abusos del gabinete de Delcy Rodríguez, pero valida la autoridad de figuras como Diosdado Cabello cuando le resulta funcional para destrabar conflictos en el terreno.
El colapso operativo en la costa caribeña tras los recientes sismos evidencia cómo la destrucción de la infraestructura urbana —desde aeropuertos bloqueados hasta redes viales colapsadas— se entrelaza con las disputas por el control político territorial. En un escenario donde las comunicaciones y las vías de transporte están severamente dañadas, las contradicciones de la diplomacia internacional afloran al compás de las urgencias logísticas del rescate.
Tras los terremotos del 24 de junio que devastaron el estado La Guaira, un tenso cruce entre el ministro del Interior, Diosdado Cabello, y rescatistas estadounidenses expuso el pragmatismo de la Casa Blanca. Pese a que sobre Cabello pesa una recompensa internacional de 25 millones de dólares por cargos de narcotráfico, el Departamento de Estado calificó el bloqueo de la ayuda como un «desafortunado malentendido» con las «autoridades interinas». Este reconocimiento fáctico ocurre en simultáneo con el cierre del espacio aéreo ordenado por el gabinete de Delcy Rodríguez para frustrar el regreso de la líder opositora María Corina Machado.
El vínculo entre ambos países oscila así de manera ambigua entre el tutelaje ideológico y la cruda realpolitik.

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