La vocalista describió las consecuencias corporales de la sobreexigencia vocal extrema que padeció tras años de giras ininterrumpidas por el interior del país
El desgaste de las capacidades fonatorias ante cronogramas de canto sin descanso representa uno de los mayores riesgos profesionales para los intérpretes de alta competencia comercial. La acumulación de horas de aire forzado bajo condiciones climáticas hostiles terminó por gatillar lesiones de gravedad estructural en el aparato respiratorio de la cantante, forzando suspensiones médicas obligadas cuando el cuerpo llegó a su límite absoluto.
La vulnerabilidad física de las estrellas de la canción genera conciencia sanitaria entre los profesionales de la provincia de Buenos Aires. Los informes sobre su salud en el distrito bonaerense repasaron los momentos más complejos de la patología. De acuerdo con el testimonio directo, las exigencias del circuito le provocaron daños severos: “Frené porque ya a lo último me salieron quistes en las cuerdas vocales, cantaba y escupía sangre”, relató sobre las consecuencias físicas de ese esfuerzo. Su representante actual, que también era su mánager en aquellos años, fue testigo directo de ese deterioro crónico sobre las tablas.
Especialistas en otorrinolaringología de la provincia de Buenos Aires advierten que este tipo de lesiones nodulares requieren intervenciones complejas y largos períodos de reposo absoluto para evitar daños irreversibles en el timbre de voz.

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