La actriz expuso las duras exigencias de vestuario y los comentarios sobre su cuerpo que afectaron su salud durante el rodaje de la tira juvenil. Habló de los trastornos alimenticios que atravesó en su adolescencia y la incomodidad en los videoclips.
: Los testimonios que exponen la trastienda de las grandes producciones de la televisión infantojuvenil argentina suelen reconfigurar la mirada retrospectiva del público sobre los fenómenos culturales de las últimas décadas. Cuando figuras consagradas logran poner en palabras las situaciones de vulnerabilidad y las demandas estéticas extremas a las que fueron sometidas durante su minoría de edad, se abre un debate indispensable sobre las dinámicas de cuidado en los sets de grabación. Para los portales dedicados al seguimiento del espectáculo nacional, las tendencias en plataformas de streaming y las biografías artísticas, visibilizar estas experiencias complejas resulta un factor clave para comprender la evolución de la industria del entretenimiento.
La actriz Rocío Igarzábal habló con total sinceridad en La Sesión, el ciclo de entrevistas conducido por Sofía Calvo, donde revivió momentos sumamente complejos de su historia personal y profesional. Al recordar su incorporación a la exitosa ficción Casi Ángeles cuando tenía apenas 16 o 17 años, la artista detalló cómo las exigencias del entorno y las presiones por lucir una determinada fisonomía terminaron detonando severos trastornos alimenticios en su adolescencia y dañando profundamente su autoestima. Según explicó en el reportaje, era habitual recibir directivas inflexibles por parte de los equipos de producción respecto a las prendas de vestir, enfrentando situaciones donde la obligaban a colocarse prendas que eran dos talles más chicos de lo que correspondía a su contextura real, bajo la consigna de que el vestuario le tenía que cerrar de cualquier manera. Esta clase de dinámicas cotidianas, sumadas a las agresiones físicas y las burlas constantes que leía en la red social Twitter sobre su cuerpo, terminaron instalando pensamientos negativos crónicos en su mente. En su crudo testimonio, Igarzábal también hizo hincapié en la profunda incomodidad que le generaba el rodaje de ciertos videoclips musicales, donde la instaban a utilizar aceites corporales y a realizar coreografías con connotaciones de hipersexualización con las que no se sentía cómoda en absoluto.
La valentía de la actriz para desarmar el mito de la perfección detrás del éxito de Cris Morena se suma a los reclamos históricos de otros integrantes de su generación sobre los costos de la fama temprana. Su relato deja en claro la necesidad de establecer protocolos más rigurosos que protejan la salud mental y física de los adolescentes que trabajan en los medios.

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