Según un informe de FADA, los argentinos reemplazan la vaca por el cerdo, cuyo consumo creció 1,5 kilos. La suba de precios del sector duplicó a la inflación general.
La mesa de los argentinos atraviesa una transformación forzada por la coyuntura económica. Según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), el consumo de carne vacuna sufrió una caída de cinco kilos por persona en el último año, mientras que la carne de cerdo gana terreno como la alternativa más elegida para cuidar el bolsillo.
Los datos son elocuentes: el consumo anual per cápita de carne vacuna bajó de 49,5 a 44,5 kilos, mientras que el de cerdo ascendió a 19,3 kilos. Esta migración responde a una brecha de precios insostenible para muchas familias: mientras la carne de vaca aumentó un 64% en doce meses, el cerdo subió solo un 25%, quedando incluso por debajo de la inflación general del 33%. Además del impacto interno, factores internacionales como el precio del petróleo (que roza los USD 98,12) y los conflictos en Medio Oriente han encarecido los costos logísticos y fletes.
El estudio también pone la lupa sobre la carga impositiva. En el precio final de la carne, los impuestos representan el 28% del valor, superando incluso al margen de ganancia de la cadena productiva, que se ubica en el 21%.

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