El sector enfrenta un combo letal de bajas ventas, subas en tarifas y falta de financiamiento, lo que pone en riesgo la estabilidad de muchas fábricas.
El mercado cervecero argentino atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Tras una temporada estival que no cumplió con las expectativas, tanto grandes firmas como emprendimientos artesanales denuncian una tensión creciente en la cadena de pagos y una retracción profunda en la demanda.
La combinación de incrementos en logística, alquileres y servicios básicos ha dejado al sector con márgenes de rentabilidad mínimos. A este escenario se suma la dificultad de acceder a créditos bancarios, obligando a los productores a recurrir al capital propio para subsistir. Martín Boan, referente de Be Malt, destacó que hoy la prioridad es la eficiencia interna y la revisión constante de costos operativos para evitar el cierre. La industria no logra revertir la tendencia negativa que arrastra desde 2025, viéndose además afectada por la competencia de otras bebidas que ganan terreno por precio.
El futuro del rubro dependerá de una estabilización macroeconómica que permita recuperar el poder adquisitivo de los consumidores.

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