Las fuertes precipitaciones registradas al inicio de abril paralizaron las labores en el núcleo agrícola, con acumulados que superaron los 130 milímetros en distritos bonaerenses clave.
La estabilidad que el sector agropecuario necesitaba para levantar la producción de soja y maíz se vio interrumpida por un frente de tormentas severas. Localidades como Azul y Olavarría enfrentan hoy un escenario crítico de excesos hídricos que imposibilita el ingreso de maquinaria pesada a los lotes.
El temporal, que afectó de manera desigual pero intensa a gran parte de la zona central del país, tuvo su epicentro en el sudeste de Buenos Aires. En Miramar, los pluviómetros marcaron 130 mm, mientras que Benito Juárez y Necochea reportaron valores por encima de los 110 mm. Esta situación ha transformado el paisaje rural en un mapa de lagunas temporales, afectando no solo el rendimiento del grano sino también la logística mínima necesaria para el transporte.
La Bolsa de Comercio de Rosario advirtió que la franja productiva también sufrió el impacto, con General Pinto liderando los registros provinciales con 90 mm. La preocupación de los productores aumenta hora a hora, ya que el agua estancada y la alta humedad ambiental ponen en riesgo la calidad de la cosecha gruesa en un momento determinante del ciclo productivo.
Con los caminos rurales intransitables y el suelo saturado, el campo aguarda ahora una ventana de sol persistente que permita retomar la actividad antes de que las pérdidas sean irreversibles.

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