Centros de salud y hospitales porteños extienden sus horarios hasta la noche para responder a la llegada de familias de clase media y jubilados.
La adaptación de la oferta de servicios públicos ante cambios socioeconómicos bruscos representa uno de los desafíos más complejos para la administración sanitaria. Cuando los sectores de ingresos medios migran desde el subsector privado o de la seguridad social hacia la red estatal, las carteras de salud se ven obligadas a optimizar la capacidad instalada de sus efectores. El uso de franjas horarias tradicionalmente ociosas permite absorber este excedente de pacientes sin necesidad de construir nuevas infraestructuras edilicias.
El Ministerio de Salud porteño incrementó casi una tercera parte de su capacidad horaria mediante la incorporación de profesionales para el turno vespertino. Datos oficiales indican que el sistema brinda unas 100.000 prestaciones diarias, de las cuales 20.000 ya se realizan por la tarde, reflejando una suba del 25% respecto al semestre anterior. Este cambio operativo responde al impacto de la crisis en los presupuestos familiares, lo que empuja a afiliados de prepagas y beneficiarios de PAMI a buscar asistencia en los hospitales generales de agudos y en los centros barriales.
El proceso de expansión horaria se complementa con los mecanismos de recupero de costos, mediante los cuales la Ciudad factura a las obras sociales las prestaciones médicas realizadas a sus afiliados.

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